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28 ago. 2016




Para mí deberían llover rosas rojas
Deberían encontrarme todos los milagros
El mundo debería transformarse
Y quedarse para sí con sus preocupaciones.

Y más tarde decía:
"Me gustaría: entender, ver mucho,
descubrir, preservar."

Y más tarde decía:
"Me gustaría: no estar solo
y sí libre."

Hildegard Knef, en su canción Für mich soll's rote Rosen regnen.

 Los domingos parecen estar orquestados para labrar el nacimiento de esa palabra alemana: Sehnsucht. Compuesto por Sehnen (anhelo ardiente) y Sucht (adicción), Sehnsucht es esa nostalgia cuya brisa se asemeja a la saudade, a la búsqueda condenada a no hallar el hogar perdido, el dolor de Schopenhauer, en los versos de los poetas malditos. Lo cierto es que me dio por recordar mi infancia al costado de mi abuela y percibí sus palabras, pero también la fragancia anidada en su cocina. El vapor de melosas patatas amarillas, la caramelizada mantequilla adheridas a los sartenes, los clavos de olor que picaban la nariz  y la lengua, el comino, la acidez del repollo fermentado, los perfumes de sendos guisos de carne. Y fue así cómo -para autoflagelarme aún más con el aroma del tiempo y la pérdida- me puse manos a la obra para reconstruir un plato que solía hacer mi abuela y le encantaba: Szegediner Gulasch

El Szegediner Gulasch, un plato dominical de la infancia perdida.

El Szegediner Gulasch es un plato que, según mi abuela, era muy común en Silesia (Schlesien), región que actualmente pertenece a Polonia, empero perteneció durante siglos al imperio alemán. A orillas del río Oder, en la localidad de Breslau (Wraclaw), mi abuela aprendió a confeccionar este plato cuyo origen es húngaro y se llegó a expandir por gran parte del este de Europa, incluido varias zonas de Alemania del este durante la segunda mitad del siglo XIX. El cocinero alemán Herbert Frauenberger nos explica que la receta original se la debemos a un testigo como fue el poeta Sandor Petöfi (también muy leído en épocas de mi abuela en Silesia). Resulta que dicho poeta se encontraba en una taberna en la localidad de Pest, ya al atardecer. De pronto, un viajero cruzó el umbral de la puerta llamado Josef Székely, escritor y periodista húngaro. Abatido y malhumorado, pidió que el tabernero le sirviera algo de comer pero la cocina estaba cerrada. Con ojos dilatados, trémulo, el viajero desenvainó su ira y alzó la voz: ¡¡¿¿Acaso no se puede precalentar algo de repollo y gulash en este tugurio??!! Aquel estallido de cólera tuvo que impresionar a los allí presentes y el tabernero le ofreció una mezcla de repollo fermentado y gulasch, tal como exigía el forastero. Eso sí, para aliviar el picante añadió algo de crema agria et voilá, a surgió el Szegediner Gulasch (Székely gulyás). 

En fin, y para no desvariar mucho les convido a descubrir uno de los platos de mi infancia que, precisamente, también solían surgir los domingos y cuya elaboración duraba toda una mañana en la cocina junto con mi abuela. Y nada más, les dejo con la actriz y cantante Hildegard Knef y, como decía meine Oma: Lass es euch schmecken! ;) 





Nivel de dificultad: Para nostálgicos y exploradores de sabores de Silesia.

Ingredientes para 2-4 personas: 

- 500 gr. de carne de estofado de ternera (también suele emplearse paleta de cerdo
- 2 dientes de ajo
- 1 cebolla 
- Mantequilla
- 5-6 clavos de olor
-500 gr. de Sauerkraut (Chucrut, repollo fermentado)
-0,45 / 0,5 L de caldo de verdura o carne (preferiblemente carne)
- 2-3 cucharadas de harina
- 1 cucharada de comino
- 1 cucharada de pimentón dulce y otra de picante
- sal, pimienta
- 1-2 cucharadas de crema agria 
- perejil picado 
- 4-5 patatas    

Frecuencia musical:Hildegard Knef – HILDE - Das Beste von Hildegard Knef

Elaboración: 


1. En una olla de asado o en una cazuela amplia, vertemos una nuez de mantequilla contundente. A fuego alto añadimos la carne troceada en cuadrados y asamos por tandas durante unos 5-10 minutos. En un fuego aparte calentamos el caldo de carne.
2. A la olla le añadimos a la carne la cebolla picada en taquitos y los ajos bien picados. Removemos y dejamos al fuego unos 5 minutos. Añadir ahora unas 2-3 cucharadas de harina. Quien quiera la resultante salsa más o menos espesa dependerá de la harina que se emplee. Mi abuela solía dejar este paso para el final del procedimiento. Remover bien para que no se adhiera al fondo y se impregne con los ingredientes. Al minutos verter el caldo caliente a la olla. Añadimos las especias: los clavos, 1 cucharada de comino, 1 cucharada de pimentón dulce, 1 cucharada de pimentón picante y una hoja de laurel. Sazonamos, reducimos a fuego bajo, tapamos la olla o cazuela y dejamos que se haga la carne durante aproximadamente una hora. Controlar de vez en cuando el cocido.
3. A la hora añadimos el Sauerkraut o chucrut y una nuez de mantequilla. Remover y dejar que se haga el cocido durante media hora.
4. Mientras, vamos con la guarnición. En una olla verter agua y sal, esperar a la ebullición y verter las patatas peladas. Dejar cocer unos 20-25 minutos a fuego medio.
5.  Por último emplatamos junto con las patatas. Añadimos una cucharada de crema agria, vertemos algo de perejil picado y espolvoreamos algo de picante dulce. Y ya está. ¡Guten Appetit!

24 jul. 2016




Cuando bebes el mundo aún está ahí afuera, pero en ese momento no te tiene cogido del cuello.
—Charles Bukowski, en Factotum.

 Resulta que existen días escuálidos, ya pronosticados al desvelarse con una lengua áspera, los músculos atrofiados y la tenue mirada anidada bajo cuencos de desolación. Surgen, en esos días, leves suspiros mientras, con ojos achinados, uno tantea el despertador y sentencia que es la hora cercana al alba del almuerzo. Otro suspiro. Sí, queridos lectores, nos encontramos ante una evidente resaca o, como es conocido en el mundo anglosajón, ante un colosal hangover. Bueno, quizás no tan colosal porque los dolores de cabeza no están en el parte del vencido ni el estómago se encuentra en un estado de poder simular la erupción del Vesubio. Pero es en estos días -al menos en uno reciente- donde contemplé la posibilidad de elaborar un brunch capaz de hacer resucitar a los muertos, rescatando un plato como es el Çilbir. El Çilbir son huevos escalfados con yogur y aderezado con un fundido de mantequilla especiada. He alterado algo la receta original que se remonta al siglo XV y era un plato elaborado en los palacios de los antiguos sultanes otomanos. Simplemente les he incluído una mezcla de cilantro, albahaca y perejil que le dan un toque fresco a este remedio real de resaca. También he empleado el sumac, especia extraída de las bayas rojas del zumaque y que todavía conservo de mi último viaje a Turquía. En caso de no tener sumac, pueden emplear chili molido.  Por cierto, no cometan la blasfemia de comprar cualquier yogur de marca blanca. Creo que este plato merece la presencia de un yogur digno de llamarse así. Y sin más pretensiones ni esnobismos de paladar fino, les dejo la receta:

El remedio otomano contra la flaqueza del ánima.


Nivel de dificultad: Para E.T.'s de discoteca y poetas malditos en estado de gracia. 

Ingredientes para 1 persona: 

- 2 huevos
- 1-2 dientes de ajo
- 2-3 cucharadas de yogur griego (en mi caso MEVGAL)
- Sumac (o chili molido) 
- Sal
- Vinagre 
- Cilantro, Albahaca y Perejil fresco
- 1-2 cucharadas de mantequilla

Frecuencia musical: Emre Kaya – Teşekkür Ederim 

Elaboración: 

1. Lo primero es lo primero: preparar el café. 
2. Calentamos el agua en una cazuela grande e incorporamos una pizca de sal marina gruesa y un chorrito de vinagre, pongamos que 2-3 cucharadas. La técnica del escalfado varía bastante pero lo importante es que llegue a embullición y en ese mismo instante bajar el fuego. Con ayuda de una espumadera removemos el agua y, con delicadeza, introducimos el huevo cascado en un pequeño cuenco. Dejar durante aproximadamente 3 minutos en el agua y extraer con sumo cuidado, ayudándose con la espumadera. Escurrir. Se puede dejar sobre papel de cocina antes de emplatar pero cuidado con no romper el huevo. 
3. Mientras, en otra cazuela de menor tamaño, verter la mantequilla y dejar que se derrita. A continuación añadir el diente de ajo bien picado. Seguidamente sumarle el Sumac o, en su ausencia, el chili molido. Mezclar bien hasta que tomen un buen color el ajo. Por último añadir un puño de mezcla de hojas de cilantro, perejil y albahaca bien picada. Es importante que sean frescas para este mix. Retirar al minuto del fuego. 
4. Emplatamos los huevos y a un costado añadimos el yogur griego. Vertemos sobre dichos elementos la mantequilla fundida y especiada. Indispensable es que se acompañe este plato con unas rebanadas de buen pan artesanal. En mi caso también le incluyo unas rodajas de pepino, tomate y queso feta u otro queso semicurado de oveja o cabra. 



27 dic. 2015


"La gente no sabe de gustos. Tienen un agujero en sus barrigas y éstas las rellenan con porquería. Tienes cuarenta platos en tu carta y todos saben igual. Por el mismo dinero te varío todos los días cuatro platos. Comida para el alma."
Shayn, en la película Soul Kitchen de Fatih Akin (2009).



La revisión y relectura de todo manifiesto artístico debería de conjeturarse como una obviedad, mas si en la resistencia íntima y exteriorizada que suscribe Josep María Esquirol este sempiterno retorno 'al hogar' es una pieza clave dentro de la filosofía más vital. Observo entonces que ante el sempiterno 'Blitz' , ante una avalancha de impositivos y masivas listas apoltronadas en carteleras de cine o vómitos de lecturas enaltecidas por un océano de editoriales, uno prefiere volver a sus propios clásicos, a aquellas expresiones que le nutrieron a uno el alma. En esto pienso y revisito la obra del gran cineasta Fatih Akin, del cual podría -sin ser osadía- escribir una tesina. Me refiero a su aclamada obra 'Soul Kitchen'. Valga la redundancia que ya le dedicaremos especial atención al referido filme, empero acortemos la introducción de hoy para convidarles una receta de sello propio pero que es a la par un honesto homenaje a la filosofía que se alberga en esta pieza cinematográfica y cuyo lema es Essen für die Seele - comida para el alma. Se trata de unos nidos de pasta con base de tzaziki y langostinos aderezados en curry y jugo de mandarina, así como con especias traidas de orillas del Bósforo.

Nidos de pasta con base de tzaziki y langostinos en jugo de mandarina.



Nivel de dificultad: para inconformistas de la talla de Shayn
Frecuencia musical: SoulKitchen

Ingredientes para cuatro nidos 'Soul Kitchen': 

  Para el tzaziki:
  • 150 gr. de yogurt griego Mevgal
  • 1 diente de ajo
  • 1/4 de pepino
  • 1/2 limón
  • Perejil
  • Aceite de Oliva Virgen Extra
  • Pimienta molida
  • Sal
  Para los nidos y los langostinos
  • 5-6 langostinos
  • 1/2 mandarina
  • 1/2 cucharadita de Curry
  • 1/2 cucharadita de Sumak
  • Sal
  • Perejil
  • 50-75 gr. de espaguettis 
  • moldes  

Elaboración: 

Como es costumbre en mi humilde vera, he encendido mi gramola virtual y suena de un costado ese bálsamo a la guitarra del inconformista de Pavlos Sidiropoulos, Stin K. Ponemos en nuestros fogones dos cazuelas con abundante agua y sal marina para que cuando comience la ebullición, introduzcamos en una de ellas los langostinos y en la otra la pasta para los nidos. Mientras, preparamos el tzaziki. Para ello, en un bol, vertemos el yogurt y el aceite, aproximadamente dos cucharadas. Con ayuda de un rallador y sobre una tabla de madera desmenuzamos el pepino y el ajo, así como un poco de la cáscara del limón. Vertemos todos estos ingredientes en el bol de yogurt, sazonamos, cortamos y vertemos algo de perejil fresco, así como el jugo de medio limón, batimos bien y apartamos.

Seguidamente nos suena el tema del rockero griego Pavlos To Vivlio Ton Iroon y nuestro cuerpo vibrante se acerca a los fogones donde vierte los langostinos para dejarlos que se hagan bien y, en la otra, la pasta hasta tenerlo al punto al dente. Transcurrido el tiempo necesario extraemos los langostinos, dejamos que se enfríen y limpiamos. Después los troceamos. La pasta, ya también en su punto, se pasa por el colador y bien escurridos se va introduciendo en los moldes creando un hueco con ayuda de la mano. Se introduce a continuación en el horno precalentado a 180º y se deja que se tuesten unos 15 minutos, aproximadamente. Mientras, suena ese tema subversivo de Er France, Sing Song Girl. Es por ende tiempo de pillar una sartén con algo de aceite y darle candela. Vertemos los langostinos troceados sobre el reluciente aceite y seguidamente una cucharadita de curry y otra de sumak (de no tener esta especia, se puede suplir por una o dos guindillas). Sazonar y darle unos bailes a la sartén para apagar con medio jugo de mandarina y espolvorear con perejil fresco troceado. Dejamos reposar para extraer del horno los moldes con los nidos de pasta. Dejamos que se enfríen un poco y con ayuda de una cuchara emplatamos. Añadimos primeramente el tzaziki y después los langostinos. Et voilá, suena Sly Johnson y sabes que estos nidos son puro resultado del 'soul kitchen'. 


29 mar. 2014

Hoy me gustaría presentarles a una figura emblemática que se asemeja -como decía un periodista británico- a un rockstar, quizás gurú o estrella de Broadway en el mundo gastronómico. Sí, se trata del italiano Carlo Petrini, fundador del movimiento internacional Slow Food. Como bien sabrán, Slow Food es una respuesta a la industria agrícola de gran escala y apuesta por la producción ecológica, de pequeños productores pero cuyo mercado se expande también por el globo. Es decir, se busca crear un mercado y una agricultura sostenible, duradera y de calidad. Considero que su filosofía también va más allá y es una apuesta en estos tiempos convulsos que hay que tener en cuenta. Les dejo, como primer entrante, una conferencia en la cual  explica el propio Carlo Petrini de qué se trata el movimiento Slow Food. Por cierto, también existe un documental al respecto que les recomiendo encarecidamente, dirigida por Stefano Sardo. 





12 ago. 2013


Adrianí está completamente recuperada. Mi diagnóstico no es fruto de un estudio psiquiátrico o simplemente médico, sino de mi olfato. Encima de la mesa de la cocina hay una gran fuente de tomates rellenos.

Kostas Jaritos, en Con el agua al cuello de Petros Márkaris (2011).



Obviemos una evidencia absoluta: el mejor de los guisos para nuestros sentidos es la fusión de las letras y especias. Para que un plato adquiera un sabor único y la ficción se extrapole a la realidad, hay que leer con un paladar exquisito, dejar aflorar los cinco sentidos como si uno reencarnara al comisario Kostas Jaritos. El enigmático personaje de las novelas de Petros Márkaris - ahora imbuido en su trilogía de la crisis que lo conforman las novelas Con el agua al cuello, Liquidación final y Pan, educación, libertad- es un personaje encomiable y al cual,  pese a la distancia brechtiana que abisagra su padre literario, se le adquiere un gran cariño. Quizás sea por su naturalidad, la empatía que el buen lector adivina cuando el comisario no soporta la bípeda hipocresía, los escándalos de corrupción, el smog y las interminables colas que tapian las arterias de Atenas. Y porque exhausto de un trabajo mal remunerado y unas horas sobreexplotadas, llega siempre un momento donde arrastra las suelas de sus zapatos hacia su humilde piso, desenrosca la puerta, deja caer las llaves en un cuenco y al husmear el umbral de la cocina, su abatido rostro se invierte al percibir con todos sus sentidos una felicidad plena. Ve a su amada mujer Adrianí de espaldas, una bandeja de tomates rellenos sobre la mesa y percibe con su olfato de sabueso el aroma que desprenden estas frutas veraniegas -sí, has leído bien, los tomates son frutas, no hortalizas- y se acerca tímidamente hacia ellos. No puede contener la tentación de comprobar si se halla despierto o moribundo y hunde sus yemas en la bandeja. 

-¡Eh! ¿Qué te he dicho? -le refunfuña su mujer cuando da un salto inesperado hacia su marido. 

Kostas Jaritos, sin embargo, tan solo la contempla y exhibe una sonrisa como la primera vez que se vieron. Y aunque ella intente contener su semblante de advertencia, se doblega y le manda una sonrisa encubierta, apenas perceptible.

- Primero te podrías haber lavado las manos, ¿no? -le recuerda mientras vuelve a entornarse ante la vajilla- Y también se saluda, ¿no?

Pero la felicidad es tan efímera y breve como para acordarse de lavarse las manos que vienen plomizas, cicatrizadas, llenas de pulsos invertes y sangre coagulada. Y es así como vamos ahora a realizar unos tomates rellenos á la Adrianí que también puedes hallar en otro blog y del cual me he guiado, aunque después entre fogones lo he modificado un poco. 



Tomates rellenos á la Adrianí

Nivel de dificultad: para detectives que buscan la felicidad entre fogones

Frecuencia musical: Locomondo – Odysseia

Ingredientes: 

  Para los tomates rellenos:
  • 3 tomates bien grandes
  • 300-350 gr. de carne de cordero picada
  • 1 cebolla
  • 2-3 dientes de ajo
  • Queso de cabra 
  • Perejil
  • Albahaca
  • Orégano
  • 1 pizca de Ras-el-Hanout
  • 3-4 piñones (opcional)
  Para la salsa de tomate: 
  • pulpa de los tomates que vamos a rellenar
  • 1/2 cebolla 
  • 1/2 cucharita de Harissa
  • Azúcar moreno 
  • Sal

Elaboración: 

Tengo la manía de no poseer reloj alguno y de evadirme del tiempo. Y es reconfortante saber mediante las visitas a tu frutería en qué épocas del año nos encontramos con tan solo contemplar las piezas de hortalizas o frutas que se apoltronan en la entrada del recóndito local. Es así cómo sé que, cuando los tomates han experimentado un aumento monumental de su grosor y su carne es aún más crujiente, que nos hallamos en verano, dado que su época de esplendor son los meses de julio hasta septiembre. Así que, tras saludar furtivamente a la dependienta, me hago con unos enormes tomates. ¡Ojo! Aquí es importante elegir bien, palpar como un buen detective gastronómico si no hay trampa. Los tomates de gran tamaño deben de tener la piel bien estirada y poseer un buen peso. Si aprietas levemente con las yemas de tus dedos sobre su carne puedes comprobar si están sanos o no, dado que muchos suelen vender tomates huecos. Prendo, por tanto, 3 tomates y con la toalla sobre el hombro y el último libro de Pétros Márkaris bajo el sobaco, le pregunto a la dependienta tras el mostrador si tiene algo de perejil y albahaca fresca. Desconfiada, achina los ojos y mira furtivamente de un lado a otro y me susurra cuando se van los últimos clientes: "Espera..." 

Tras un minuto vuelve de la trastienda con unas ramas suculentas y frescas de la huerta. Y así, mientras la tarde se declina bajo los lomos de las calles doradas y suena un tema reggae del grupo griego Locomondo, retorno con pasos parsimoniosos a mi casa. 

Ya en la cocina, con un buen vino tinto descorchado, el gato sobre la nevera y Locomondo sonando de fondo con su tema Ouranos, comenzamos a destripar a los tomates. En primera instancia, con un cuchillo bien afilado, abrimos por la parte superior y resguardamos esta parte más externa a modo de gorrito. A continuación, y con mucha delicadeza, comenzamos a separar la pulpa interior de las paredes de la fruta con el cuchillo pero teniendo cuidado de no dañar la parte inferior del tomate. Seguidamente, y con ayuda de una cuchara, comenzamos a extraer toda la pulpa junto con su grano y que iremos depositando en un plato aparte, dado que aquí no se tira nada y nos servirá para la salsa de tomate. 

Mientras suena Ta varia timonia, vertemos en un bol la carne de cordero que nos han picado en la carnicería musulmana del barrio. Eso sí, nunca tiréis el hueso de la paletilla porque eso es un auténtico delito (ya otro día les comento cómo hacer un caldo que podréis incluso congelar durante unos meses). A esta suculenta carne que apenas tiene sangre -dado que está elaborado al halal- le añadimos la cebolla bien picada, así como los ajos y el resto de condimentos: orégano seco, una pizca nimia de Ras-el-Hanout y unas ramitas de perejil como de albahaca fresca que hemos troceado a la brunoise. Eso sí, si queréis también podeís añadir unos piñones troceados. Mezclamos todo bien con las manos y rellenamos con sumo cuidado los tomates. Si ves que al final te sobra algo, ya sabes: lo conservamos en un frasco o tupper y siempre puede servir para unas albóndigas (por ejemplo). Por último añades unas rodajas de queso de cabra que deberá ser de tipo semiduro. Aquí en Canarias, por ejemplo, poseemos grandes tipos de queso y cualquiera te podrá servir aunque si quieres ser muy ortodoxo, también puedes desmigar algo de queso feta por encima. Y ya antes de ubicar estos tomates en una bandeja apta para el horno (y bien untada con aceite de oliva para que se no se quemen), les colocas el gorrito que habíamos guardado con anterioridad. 

Los tomates deberán de estar en este horno ya precalentado unos 45 minutos y a una temperatura en torno a los 200 Cº. 

Mientras suena el último trabajo de Locomondo y los tomates se hornean a ritmo de reggae griego, subversivo y poético a la par, vamos a preparar una salsita de tomate con la pulpa restante. Suena esa Mala Onda que carcome el mundo pero no te preocupes, tenemos el remedio gastronómico. En una sartén vertemos algo de aceite de oliva virgen extra y algo de cebolla picada que nos ha sobrado. Cuando comience a sudar la cebolla, añadimos la pulpa del tomate y mezclamos bien. A continuación rociamos con nuestros trémulos dedos una pizca de azúcar moreno para arrancarle la acidez contenida y mezclamos. Dejamos que se haga a fuego medio unos 10-15 minutos y ya por último le añadimos algo de 1/2 cucharadita de Harrisa (que es una salsa especiada de pimiento muy picante) y dejamos que llueva algo de sal de nuestro ritmo reggae. Mezclamos bien y ya por último lo pasamos por un pasapurés o la batidora, como veáis. Ya lista la salsa y viendo que todavía nos falta algo, preparamos la guarnición que en este caso es arroz blanco. Dado que supongo que sabrás hacerlo sin ayuda alguna, me sorbo un trago de un vino tinto y sigo escuchando un tema clásico del grupo liderado por Marko Koumaris denominado Frankosyriani y que dice así: 

I have a fire, a flame in my heart
As if you did magic on me, sweet Frankosyriani

I'll come to meet you again at the shore
I want to enjoy your kisses and hugs
I'm going to take you to all places - Finika, Parakopi, Galisa and Delagratsia, 
even if the strike hits me

Y voilà, tus tomates rellenos han salido del horno que huelen a una felicidad plena. Kalí óreksi!



9 ago. 2013


Se fundían los pasos con parsimonia durante un matinal paseo por mi ciudad cuando de repente me hallé ante aquél letrero: "Deliciosa Martha". Aparqué las suelas de mi zapatos, me amparé ante el vidrio e intenté descubrir, con las manos simulando ser un catalejo, la situación de abandono en la cual se encontraba aquél restaurante. ¿Y qué pasaría si dejara rienda suelta a esa arriesgada fantasía que recorría mi mente? ¿Hacerme cargo de este restaurante que evocaba a aquella película? 

Martha, Lina y Mario con miradas diferentes pero con sabores únicos.
Tal como nos recordaba el sociólogo francés Maurice Halbswachs, los lugares como sus respectivos objetos poseen la capacidad de retener y despertar en el individuo la memoria histórica, el recuerdo, las vivencias instruidas o experimentadas de per se. Era por tanto lógico que reviviera aquella película de Sandra Nettelbeck denominaba "Deliciosa Martha" en la cual se guisaban todos los ingredientes necesarios para hacer un filme clásico, es decir, una obra cinematográfica que no pierde nunca su vigencia, sus sabores. En ella, Martha (interpretada por la famosa Martina Gedeck) desarrolla una vida monótona y solitaria, dedicándose con pasión a su trabajo como chef del conocido restaurante Lido, en la ciudad alemana de Hamburg. Maniática, llena de temores y desconfiada, se obsesiona con los platos y los aromas, concibiendo en ellos, en la cocina, un refugio hecho a su medida. Pero como suele ocurrir en nuestras vidas, un inesperado acontecimiento hará que se tambalee su andamiaje. Con la accidental muerte de su hermana, Martha se hará cargo de su sobrina Lina (Maxime Foerste) teniendo que distanciarse de su cocina unos días. Sin embargo, cuando regresa a los fogones, percibe el canto de Dean Martin, candentes sonrisas, perfumes y condimentos que antes no había concebido en sus ingredientes. De pronto, ha aparecido su suplente Mario (genial Sergio Castellito), chef italiano que se perfila con su vitalidad y humildad como la antítesis de Martha. ¿Puede haber dos chef domando las sartenes, desmigando especias sobre los platos, mediando el equilibrio de los paladares? ¿Es posible conducir un coche de manera conjunta o será mejor que solamente sea uno el encargado de llevar el volante de la vida?

La directora alemana Sandra Nettelbeck exhibe sus mayores dotes culinarios en esta cinta que no deja a nadie indiferente. Edulcorando sus secuencias con gran ternura, glaseando los rostros del espectador con toques cómicos o pincelando cierta amargura por los descarrilamientos cítricos que nos cicatrizan la vida, "Deliciosa Martha" es un filme apto para verdaderos gourmands donde se amasan con armonía todos los sabores apropiados y presentes en nuestros latidos. Sin abandonar nunca los braseros, la obra de Nettelbeck es pura reflexión sobre la soledad, la pugna entre el egoísmo y el amor -de la cual no hay receta alguna pero sí ingredientes-, los trastornos de personalidad y la búsqueda de afecto que ningún plato puede suplantar. 


Martha entre fogones. 
Así que no se contenten con ver la adaptación americana de Catherine Zeta Jones porque, ¿quién es capaz de emitir en versión original ese "¡Buono! ¡Buono!" de Mario? En definitiva, y tal como reza el título, una película clásica, tierna dentro del género gastronómico pero, ante todo, deliciosa. 

Y para aquellos que quieran cocinar en soliloquio o a dúo con alguien, les dejo la genial banda sonora del filme, adobado con temas jazzísticos de la mano de Keith Jarrett y el saxofonista Jan Garbarek, así como afrutadas voces de Paolo Conte, Dean Martin y -obvio- Lucio Dalla. ¡Buon appetito! ¡Guten Appetit! 

Banda sonora de Deliciosa Martha


Ficha técnica del filme

Título: Bella Martha (Deliciosa Martha)
Dirección: Sandra Nettelbeck
Guión: Sandra Nettelbeck
Fotografía: Michael Bertl
Música: Keith Jarret, David Darling, Paolo Conte, Lucio Dalla, etc.
País: Alemania
Año: 2000
Productora: Bavaria Film International 
Reparto: Martina Gedeck (Martha), Sergio Castellitto (Mario), Maxime Foerste (Lina), August Zirner (Psicólogo de Martha), Sybille Canonica (Frida), Katja Studt (Lea), Idil Üner (Bernadette)

8 ago. 2013




Corren tiempos bajo nuestras suelas, nos agobian los estudios, el trabajo, las costumbres, las obligaciones familiares o de otra índole y apenas hay una grieta en el tiempo para suspirar. Consciente de este maratón cronometrado, te hemos puesto las cosas más fáciles para que nos sigas visitando, informándote de los últimos platos que surgen de los fogones, de las curiosidades, consejos o de la expresión artística y cultural de la gastronomía que aflora a flor de piel; o simplemente por el mero placer de leer y descorcharte un bouquet diferente.  Así que, a partir de ahora, también podrás seguirnos en tus redes sociales, tanto sea en twitter como por facebook. Eso sí, no dejéis de comentar y opinar, sugerir o participar en este gran océano de sabores. 

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