28 ago. 2016




Para mí deberían llover rosas rojas
Deberían encontrarme todos los milagros
El mundo debería transformarse
Y quedarse para sí con sus preocupaciones.

Y más tarde decía:
"Me gustaría: entender, ver mucho,
descubrir, preservar."

Y más tarde decía:
"Me gustaría: no estar solo
y sí libre."

Hildegard Knef, en su canción Für mich soll's rote Rosen regnen.

 Los domingos parecen estar orquestados para labrar el nacimiento de esa palabra alemana: Sehnsucht. Compuesto por Sehnen (anhelo ardiente) y Sucht (adicción), Sehnsucht es esa nostalgia cuya brisa se asemeja a la saudade, a la búsqueda condenada a no hallar el hogar perdido, el dolor de Schopenhauer, en los versos de los poetas malditos. Lo cierto es que me dio por recordar mi infancia al costado de mi abuela y percibí sus palabras, pero también la fragancia anidada en su cocina. El vapor de melosas patatas amarillas, la caramelizada mantequilla adheridas a los sartenes, los clavos de olor que picaban la nariz  y la lengua, el comino, la acidez del repollo fermentado, los perfumes de sendos guisos de carne. Y fue así cómo -para autoflagelarme aún más con el aroma del tiempo y la pérdida- me puse manos a la obra para reconstruir un plato que solía hacer mi abuela y le encantaba: Szegediner Gulasch

El Szegediner Gulasch, un plato dominical de la infancia perdida.

El Szegediner Gulasch es un plato que, según mi abuela, era muy común en Silesia (Schlesien), región que actualmente pertenece a Polonia, empero perteneció durante siglos al imperio alemán. A orillas del río Oder, en la localidad de Breslau (Wraclaw), mi abuela aprendió a confeccionar este plato cuyo origen es húngaro y se llegó a expandir por gran parte del este de Europa, incluido varias zonas de Alemania del este durante la segunda mitad del siglo XIX. El cocinero alemán Herbert Frauenberger nos explica que la receta original se la debemos a un testigo como fue el poeta Sandor Petöfi (también muy leído en épocas de mi abuela en Silesia). Resulta que dicho poeta se encontraba en una taberna en la localidad de Pest, ya al atardecer. De pronto, un viajero cruzó el umbral de la puerta llamado Josef Székely, escritor y periodista húngaro. Abatido y malhumorado, pidió que el tabernero le sirviera algo de comer pero la cocina estaba cerrada. Con ojos dilatados, trémulo, el viajero desenvainó su ira y alzó la voz: ¡¡¿¿Acaso no se puede precalentar algo de repollo y gulash en este tugurio??!! Aquel estallido de cólera tuvo que impresionar a los allí presentes y el tabernero le ofreció una mezcla de repollo fermentado y gulasch, tal como exigía el forastero. Eso sí, para aliviar el picante añadió algo de crema agria et voilá, a surgió el Szegediner Gulasch (Székely gulyás). 

En fin, y para no desvariar mucho les convido a descubrir uno de los platos de mi infancia que, precisamente, también solían surgir los domingos y cuya elaboración duraba toda una mañana en la cocina junto con mi abuela. Y nada más, les dejo con la actriz y cantante Hildegard Knef y, como decía meine Oma: Lass es euch schmecken! ;) 





Nivel de dificultad: Para nostálgicos y exploradores de sabores de Silesia.

Ingredientes para 2-4 personas: 

- 500 gr. de carne de estofado de ternera (también suele emplearse paleta de cerdo
- 2 dientes de ajo
- 1 cebolla 
- Mantequilla
- 5-6 clavos de olor
-500 gr. de Sauerkraut (Chucrut, repollo fermentado)
-0,45 / 0,5 L de caldo de verdura o carne (preferiblemente carne)
- 2-3 cucharadas de harina
- 1 cucharada de comino
- 1 cucharada de pimentón dulce y otra de picante
- sal, pimienta
- 1-2 cucharadas de crema agria 
- perejil picado 
- 4-5 patatas    

Frecuencia musical:Hildegard Knef – HILDE - Das Beste von Hildegard Knef

Elaboración: 


1. En una olla de asado o en una cazuela amplia, vertemos una nuez de mantequilla contundente. A fuego alto añadimos la carne troceada en cuadrados y asamos por tandas durante unos 5-10 minutos. En un fuego aparte calentamos el caldo de carne.
2. A la olla le añadimos a la carne la cebolla picada en taquitos y los ajos bien picados. Removemos y dejamos al fuego unos 5 minutos. Añadir ahora unas 2-3 cucharadas de harina. Quien quiera la resultante salsa más o menos espesa dependerá de la harina que se emplee. Mi abuela solía dejar este paso para el final del procedimiento. Remover bien para que no se adhiera al fondo y se impregne con los ingredientes. Al minutos verter el caldo caliente a la olla. Añadimos las especias: los clavos, 1 cucharada de comino, 1 cucharada de pimentón dulce, 1 cucharada de pimentón picante y una hoja de laurel. Sazonamos, reducimos a fuego bajo, tapamos la olla o cazuela y dejamos que se haga la carne durante aproximadamente una hora. Controlar de vez en cuando el cocido.
3. A la hora añadimos el Sauerkraut o chucrut y una nuez de mantequilla. Remover y dejar que se haga el cocido durante media hora.
4. Mientras, vamos con la guarnición. En una olla verter agua y sal, esperar a la ebullición y verter las patatas peladas. Dejar cocer unos 20-25 minutos a fuego medio.
5.  Por último emplatamos junto con las patatas. Añadimos una cucharada de crema agria, vertemos algo de perejil picado y espolvoreamos algo de picante dulce. Y ya está. ¡Guten Appetit!
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